Archivo para batalla

Ira

Posted in Relatos with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 24 enero 2009 by lirael42

Me mantenía en pie con dificultad. El sonido me llegaba amortiguado, distante. Parecía que una multitud gritara a lo lejos. Cansado y magullado miraba al frente, sin ver la muchedumbre exaltada que se apretujaba alrededor de la plaza. Deseaba que el agotamiento me venciese, perder el sentido, abandonarme a la inconsciencia y así evitar enfrentarme a lo que acababa de ocurrir. Pero en mi mente no dejaba de ver cada escena, cada golpe que había asestado. Mis brazos, antes tensos, caían flácidos a los costados y mis manos soltaron el arma que con tanta fuerza empuñaban.

Les había visto juntos. Él la abrazaba y ella sonreía dulcemente. Ella dijo que debía irse pero él la retuvo un momento acercándola a sí y ella posó sus suaves y tiernos labios en los de él. ¡Aquel maldito traidor la había besado! No podía creer lo que mis ojos habían visto y mi mente se empeñaba en recordarme constantemente. Quise ir tras ella, gritarle, pedirle explicaciones, suplicarle… pero mi corazón sangrante clamaba venganza. Dejé que la rabia llenase mi corazón como hierro candente, vestí la armadura, cogí escudo y espada y fui hacia la plaza donde se convocaba a los contendientes a luchar. Cuando el traidor fue anunciado todos le vitorearon. Cuando entré yo, sin previo aviso, con espada en mano y avanzando con decisión hacia el centro de la plaza, todo el mundo calló. Él enseguida me reconoció, en un principio me miró extrañado, pero por la expresión de sorpresa y miedo que se reflejó de pronto en su cara supe que leyó en mis ojos que lo sabía todo y cuáles eran mis intenciones. Miró mi espada y al ver que estaba afilada (al contrario que la suya, de punta redonda y sin filo) retrocedió un par de pasos y me miró suplicante. Pero ya era demasiado tarde, deje que la ira se extendiese por mi ser y corrí los pocos metros que me separaban de él. Apenas tuvo tiempo de desenvainar la espada y parar mi primer golpe. La embestida le hizo retroceder varios pasos y casi pierde el equilibrio. Yo gritaba y él solo detenía un golpe tras otro mientras intentaba decirme algo. Pero yo ya no podía escucharle, solo envestir una y otra vez. De pronto fui consciente de que no dejaba de gritar “¿por qué?” mientras blandía mi espada y de que abundantes lágrimas resbalaban por mis mejillas. Nuestros movimientos eran cada vez más torpes e imprecisos y el agotamiento amenazaba con vencernos. Entonces, la oportunidad se presentó, él trastabilló y yo le empujé haciendo que cayera al suelo. De pie frente a él, mirándole desde arriba me levanté la visera del casco y le pregunte por última vez: -¿Por qué? – la voz rota por el cansancio y el nudo que tenía en la garganta. Él solo me miró desafiante y dijo: -Ella me ama, me ha dado aquello que te negó.- Dicho esto se levantó, jadeante, soltó el escudo y sujetó la espada con ambas manos. Sentí un dolor agudo en el pecho mientras sus palabras resonaban en mi mente. Solté yo también el escudo y con un alarido levanté la espada y le golpeé en la cabeza. Por un momento me pareció que no hizo nada por defenderse y como si se tratara de un sueño cayó lentamente hacia atrás, casi me pareció que flotaba. Tras una eternidad cayendo se desplomó en el suelo arenoso con la cabeza ladeada y un charco de sangre creciendo a su alrededor.

El sonido amortiguado de la espada cayendo a mis pies me sacó de mi ensoñación. Miré mis manos, como si no me pertenecieran y pudiera culparlas de lo que habían hecho. Me quité el yelmo y lo tiré lejos, descubriendo mi rostro, cubierto de lágrimas. Agotado y derrotado me deje caer sobre las rodillas y me abandoné al llanto. Y mientras mis hombros se agitaban por amargos sollozos susurré al viento:

– Perdóname, hermano.

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Uróboros

Posted in Relatos with tags , , , , , , , , , , , , on 19 enero 2009 by lirael42

-¡Oh, vamos! ¡No tiene sentido que te resistas!–. El hombre miraba con exasperación y cierto desdén a la joven de pelo oscuro y ojos brillantes que tenía a un par de metros frente a él. Como toda respuesta, la joven entrecerró los ojos y apretó con fuerza la empuñadura de la espada que sujetaba entre sus manos.

-¡Sabes que no puedes ganar esta batalla! ¡Ríndete ahora y terminemos con esto! ¡No me hagas perder el tiempo! – gritó malhumorado aquel hombre alto, de pelo canoso y mirada severa. La joven levantó lentamente la espada y con un grito de rabia se abalanzó contra él, que, desprevenido, apenas tuvo tiempo de esquivar el ataque.

-¡Maldita sea! ¿¡Por qué tienes que ser tan testaruda!? Sabes que tu momento ha terminado. – El hombre la miró con cierta tristeza. “Siempre lo mismo”, pensó amargamente. Para sorpresa de él, ella habló, con una voz firme pero juvenil que anunciaba el final.

-¡Acabemos con esto!- rugió ella mientras se colocaba en posición de ataque.

El hombre la miró con cierta sorpresa mientras que, con un solo movimiento, hacía aparecer una espada en sus manos y saltaba hacia delante con la fuerza de una tormenta para embestir a su contrincante. Ella esquivó su ataque y al mismo tiempo, con una finta, lanzó una estocada hacia el torso de su rival, que no fue lo bastante rápido y recibió un pequeño corte que le rasgó la camisa. Él se enderezó y se palpó el costado, comprobando que le había alcanzado causándole una pequeña herida por encima de la cadera. Ella sonreía pícara tras esa pequeña victoria y sujetó la espada de nuevo con ambas manos, hacia adelante, poniéndose en guardia. Sin previo aviso él blandió su espada hacia el lado cortando el aire y golpeando con violencia el acero de la joven que, por pocos segundos, había conseguido interponerse entre la afilada hoja y su objetivo, no obstante, el ímpetu de la embestida le hizo trastabillar y perder el equilibrio, momento que el hombre aprovechó para hacerle caer de un empujón y mientras ella estaba en el suelo él le puso la punta de la espada en el cuello amenazando su vida con un simple movimiento de muñeca. Con el brazo firme pero la mirada perdida, como si le hablara al aire, susurró:

-Este es mi principio y tu fin… ha terminado tu momento, ahora debes irte y darme el relevo. Es así como siempre ha sido y es así como debe ser.

Ella le sonrió y sus ojos, que hasta ese momento destilaban rabia, brillaban ahora con una luz extraña, pareciera que ocultaban tras de si secretos y una cierta emoción. La joven extendió la mano hacia su rival y éste, sonriendo también, le tendió la suya y le ayudó a incorporarse.

-¡No creas que te has librado de mi, viejo! ¡La próxima vez ganaré y lo sabes! – con una risita jovial recogió su arma, que había soltado al caer, y tras colocarla en su vaina se encaminó a buen paso hacia su nuevo destino, canturreando “I will come back” de Foo Fighters. El hombre, tras observar cómo se alejaba durante un rato, se marchó también en dirección contraria, no sin antes desintegrar su espada.
Una tercera persona apareció entonces de la nada y miró en la dirección en que se había marchado la chica.

-Vaya, ha vuelto a ganar Septiembre. – Por algún motivo que no alcanzaba a comprender, aun después de tantos y tantos años, seguía teniendo la esperanza que algún día, Verano, con su impredecible carácter, su ímpetu y sus enormes ganas de vivir lograría ganar a Septiembre, tan severo, tan serio y aburrido, que tantas veces había conseguido ganarse el derecho de gobernar la mayor parte del año y controlar la vida de los mortales, obligándoles a estudiar y trabajar hasta que Verano conseguía de nuevo el control, aunque desgraciadamente solo por una corta temporada. Tiempo agitó la cabeza y sonriendo como si recordara alguna broma lejana siguió su propio camino y mientras se desvanecía susurró:

– Y vuelta a empezar.