Ausencia

Ambos abren las puertas de sus respectivas casas al mismo tiempo. Ella la encuentra vacía, lóbrega, fría. Él encuentra el recibimiento hueco de su madre, el saludo indiferente de su hermano. Ella va al salón, deja las cosas sobre la mesa y se deja caer pesadamente en el sofá, las persianas bajadas no dejan entrar más que algunos resquicios de luz. Él se dirige a su habitación, deja caer la mochila al suelo y se sienta al borde de la cama, apoyándose en los codos y mirándose los pies. Ella escucha el silencio, inmóvil y mira al vacío. Él cierra los ojos apagando el ruido a su alrededor. Ella alarga la mano a su derecha, ahí donde debería estar la mano añorada, pero encuentra el vacío. Él hace lo mismo a su izquierda con el mismo resultado. Sienten con todo su ser la distancia que les separa. Comparten la soledad, la añoranza, el anhelo, la tristeza, el dolor. La ausencia del otro. Ambos la sienten, la ven, la huelen, la escuchan, la saborean. Para ambos la ausencia del otro es la ausencia de todo. A veces la simple ausencia de uno es la nada.

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