Arte de Mierda – Segunda Parte

Posted in Cómic with tags , , , , , , , , , on 18 abril 2009 by lirael42

medio millon de titanlú

Aqui teneis 😛 la segunda parte de Arte de mierda

Ains… donde quedó mi idea inicial de hacer un blog de relatos…? T_T
Bueno, espero que esto al menos os guste ya que parece que los relatos no tienen mucho éxito xD

Arte de mierda

Posted in Cómic with tags , , , , , , on 14 abril 2009 by lirael42

Arte de mierda

Esto es lo que pasa cuando llevas al MACBA a un profano en arte… U_U xD
Guionizado y garabateado por mi 😛

¡¡¡Big Culo Day!!!

Posted in Cómic with tags , , , , , , on 16 febrero 2009 by lirael42

Big Culo day!

Jujuju espero que os guste esta tira 😛 guionizada por Lograi y dibujada por mi 😀

Feliz Big Culo Day! ;D
Big culo day 2009

Monsta Fan Hanta?

Posted in Cómic with tags , , , , , on 4 febrero 2009 by lirael42

Monsta Fan Hanta Aurora

La cabecera del comis… ^^ que he dibujado y coloreado en photoshop (tambien he coloreado el cómic en si, si queréis verlo esta subido en mi deviant, en el enlace que tenéis ahí a la derecha :D)

Monster Fan Hunter Aurora

Posted in Cómic with tags , , , , , , , , , on 2 febrero 2009 by lirael42

Monster Fan Hunter Aurora! Kill them aaaaaall!!!

Se trata de un trabajillo, algo cutre, pero… ¡me encanta como me quedó el guitarrista en la primera viñeta! 😀

Destino cruel…

Posted in Cómic with tags , , , , , , , on 29 enero 2009 by lirael42

¡más exámenes!

Pa’ que luego digan que la vida de estudiante es fácil…

Examenes

Posted in Cómic with tags , , , , , , , , on 27 enero 2009 by lirael42

¡Exámenes!

Sí, se que dije que iba a subir relatos, pero como artista tengo derecho a expresarme! Así que no os sorprenda que suba alguna que otra tira de vez en cuando 😛 Además esto es más rápido que escribir un relato, y como tan claramente ilustrado queda en el dibujo, tiempo no me sobra… T_T

Ira

Posted in Relatos with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 24 enero 2009 by lirael42

Me mantenía en pie con dificultad. El sonido me llegaba amortiguado, distante. Parecía que una multitud gritara a lo lejos. Cansado y magullado miraba al frente, sin ver la muchedumbre exaltada que se apretujaba alrededor de la plaza. Deseaba que el agotamiento me venciese, perder el sentido, abandonarme a la inconsciencia y así evitar enfrentarme a lo que acababa de ocurrir. Pero en mi mente no dejaba de ver cada escena, cada golpe que había asestado. Mis brazos, antes tensos, caían flácidos a los costados y mis manos soltaron el arma que con tanta fuerza empuñaban.

Les había visto juntos. Él la abrazaba y ella sonreía dulcemente. Ella dijo que debía irse pero él la retuvo un momento acercándola a sí y ella posó sus suaves y tiernos labios en los de él. ¡Aquel maldito traidor la había besado! No podía creer lo que mis ojos habían visto y mi mente se empeñaba en recordarme constantemente. Quise ir tras ella, gritarle, pedirle explicaciones, suplicarle… pero mi corazón sangrante clamaba venganza. Dejé que la rabia llenase mi corazón como hierro candente, vestí la armadura, cogí escudo y espada y fui hacia la plaza donde se convocaba a los contendientes a luchar. Cuando el traidor fue anunciado todos le vitorearon. Cuando entré yo, sin previo aviso, con espada en mano y avanzando con decisión hacia el centro de la plaza, todo el mundo calló. Él enseguida me reconoció, en un principio me miró extrañado, pero por la expresión de sorpresa y miedo que se reflejó de pronto en su cara supe que leyó en mis ojos que lo sabía todo y cuáles eran mis intenciones. Miró mi espada y al ver que estaba afilada (al contrario que la suya, de punta redonda y sin filo) retrocedió un par de pasos y me miró suplicante. Pero ya era demasiado tarde, deje que la ira se extendiese por mi ser y corrí los pocos metros que me separaban de él. Apenas tuvo tiempo de desenvainar la espada y parar mi primer golpe. La embestida le hizo retroceder varios pasos y casi pierde el equilibrio. Yo gritaba y él solo detenía un golpe tras otro mientras intentaba decirme algo. Pero yo ya no podía escucharle, solo envestir una y otra vez. De pronto fui consciente de que no dejaba de gritar “¿por qué?” mientras blandía mi espada y de que abundantes lágrimas resbalaban por mis mejillas. Nuestros movimientos eran cada vez más torpes e imprecisos y el agotamiento amenazaba con vencernos. Entonces, la oportunidad se presentó, él trastabilló y yo le empujé haciendo que cayera al suelo. De pie frente a él, mirándole desde arriba me levanté la visera del casco y le pregunte por última vez: -¿Por qué? – la voz rota por el cansancio y el nudo que tenía en la garganta. Él solo me miró desafiante y dijo: -Ella me ama, me ha dado aquello que te negó.- Dicho esto se levantó, jadeante, soltó el escudo y sujetó la espada con ambas manos. Sentí un dolor agudo en el pecho mientras sus palabras resonaban en mi mente. Solté yo también el escudo y con un alarido levanté la espada y le golpeé en la cabeza. Por un momento me pareció que no hizo nada por defenderse y como si se tratara de un sueño cayó lentamente hacia atrás, casi me pareció que flotaba. Tras una eternidad cayendo se desplomó en el suelo arenoso con la cabeza ladeada y un charco de sangre creciendo a su alrededor.

El sonido amortiguado de la espada cayendo a mis pies me sacó de mi ensoñación. Miré mis manos, como si no me pertenecieran y pudiera culparlas de lo que habían hecho. Me quité el yelmo y lo tiré lejos, descubriendo mi rostro, cubierto de lágrimas. Agotado y derrotado me deje caer sobre las rodillas y me abandoné al llanto. Y mientras mis hombros se agitaban por amargos sollozos susurré al viento:

– Perdóname, hermano.

Uróboros

Posted in Relatos with tags , , , , , , , , , , , , on 19 enero 2009 by lirael42

-¡Oh, vamos! ¡No tiene sentido que te resistas!–. El hombre miraba con exasperación y cierto desdén a la joven de pelo oscuro y ojos brillantes que tenía a un par de metros frente a él. Como toda respuesta, la joven entrecerró los ojos y apretó con fuerza la empuñadura de la espada que sujetaba entre sus manos.

-¡Sabes que no puedes ganar esta batalla! ¡Ríndete ahora y terminemos con esto! ¡No me hagas perder el tiempo! – gritó malhumorado aquel hombre alto, de pelo canoso y mirada severa. La joven levantó lentamente la espada y con un grito de rabia se abalanzó contra él, que, desprevenido, apenas tuvo tiempo de esquivar el ataque.

-¡Maldita sea! ¿¡Por qué tienes que ser tan testaruda!? Sabes que tu momento ha terminado. – El hombre la miró con cierta tristeza. “Siempre lo mismo”, pensó amargamente. Para sorpresa de él, ella habló, con una voz firme pero juvenil que anunciaba el final.

-¡Acabemos con esto!- rugió ella mientras se colocaba en posición de ataque.

El hombre la miró con cierta sorpresa mientras que, con un solo movimiento, hacía aparecer una espada en sus manos y saltaba hacia delante con la fuerza de una tormenta para embestir a su contrincante. Ella esquivó su ataque y al mismo tiempo, con una finta, lanzó una estocada hacia el torso de su rival, que no fue lo bastante rápido y recibió un pequeño corte que le rasgó la camisa. Él se enderezó y se palpó el costado, comprobando que le había alcanzado causándole una pequeña herida por encima de la cadera. Ella sonreía pícara tras esa pequeña victoria y sujetó la espada de nuevo con ambas manos, hacia adelante, poniéndose en guardia. Sin previo aviso él blandió su espada hacia el lado cortando el aire y golpeando con violencia el acero de la joven que, por pocos segundos, había conseguido interponerse entre la afilada hoja y su objetivo, no obstante, el ímpetu de la embestida le hizo trastabillar y perder el equilibrio, momento que el hombre aprovechó para hacerle caer de un empujón y mientras ella estaba en el suelo él le puso la punta de la espada en el cuello amenazando su vida con un simple movimiento de muñeca. Con el brazo firme pero la mirada perdida, como si le hablara al aire, susurró:

-Este es mi principio y tu fin… ha terminado tu momento, ahora debes irte y darme el relevo. Es así como siempre ha sido y es así como debe ser.

Ella le sonrió y sus ojos, que hasta ese momento destilaban rabia, brillaban ahora con una luz extraña, pareciera que ocultaban tras de si secretos y una cierta emoción. La joven extendió la mano hacia su rival y éste, sonriendo también, le tendió la suya y le ayudó a incorporarse.

-¡No creas que te has librado de mi, viejo! ¡La próxima vez ganaré y lo sabes! – con una risita jovial recogió su arma, que había soltado al caer, y tras colocarla en su vaina se encaminó a buen paso hacia su nuevo destino, canturreando “I will come back” de Foo Fighters. El hombre, tras observar cómo se alejaba durante un rato, se marchó también en dirección contraria, no sin antes desintegrar su espada.
Una tercera persona apareció entonces de la nada y miró en la dirección en que se había marchado la chica.

-Vaya, ha vuelto a ganar Septiembre. – Por algún motivo que no alcanzaba a comprender, aun después de tantos y tantos años, seguía teniendo la esperanza que algún día, Verano, con su impredecible carácter, su ímpetu y sus enormes ganas de vivir lograría ganar a Septiembre, tan severo, tan serio y aburrido, que tantas veces había conseguido ganarse el derecho de gobernar la mayor parte del año y controlar la vida de los mortales, obligándoles a estudiar y trabajar hasta que Verano conseguía de nuevo el control, aunque desgraciadamente solo por una corta temporada. Tiempo agitó la cabeza y sonriendo como si recordara alguna broma lejana siguió su propio camino y mientras se desvanecía susurró:

– Y vuelta a empezar.

Anhelo

Posted in Relatos with tags , , , , , , , , , , , on 18 enero 2009 by lirael42

Mi corazón palpita con fuerza, hasta tal punto que sus latidos parecen ahogar todo sonido. Bum bum. Siento el estomago en la garganta y la adrenalina contribuye a acelerar mis pulsaciones. Bum bum. Me aferro con fuerza a los brazos del asiento ¡Cuánto deseo bajar del avión! El mal trago pasa pronto y ya de vuelta en tierra firme parece que mi estomago se asienta, pero mi corazón sigue sacudiendo mi pecho con insistencia. Bum Bum. El aire helado golpea mi rostro y una gota de lluvia rezagada se posa en mi mejilla. El día es gris, pero hermoso, el sol brilla en alguna parte tras esas nubes. Inspiro con fuerza, llenado mis pulmones del refrescante olor a humedad, que inunda mis sentidos y hace que, pese al frío, una sonrisa se dibuje en mis labios. Bum Bum. El resto de pasajeros huye del frío cortante atropelladamente, corriendo hacia el cálido interior del aeropuerto. Tras disfrutar unos segundos más del reconfortante frescor casi corro hacia el interior y, aunque el sofocante calor me azota desagradablemente, mi sonrisa no varía un ápice. La emoción me embarga por momentos. Bum bum. Las maletas pasean lentamente por su interminable camino hasta que son recogidas por su dueño y la mía, como siempre, se hace esperar una eternidad. Al fin aparece, tan exasperantemente lenta que decido correr a su encuentro en lugar de esperar a que llegue hasta mi, la arrastro fuera de la cinta con decisión y me dirijo hacia la puerta de salida y aunque el camino es corto por un momento noto que me tiemblan las piernas, una exultante alegría vibrando en mi pecho. Bum bum. De repente siento el ineludible impulso de correr y lo obedezco diligentemente al tiempo que mi corazón se acelera progresivamente. Bum bum. Avanzo a paso rápido primero, a un ligero trote después y finalmente, la maleta traqueteando tras de mí, me lanzo en una loca carrera en cuanto le veo ahí, esperándome, sonriendo con la misma felicidad que me inunda iluminando sus ojos. Bum bum. Sin perder un segundo salto a sus brazos y nos fundimos en un fuerte abrazo como si quisiéramos volver a ser uno, nos besamos torpemente, con prisa, intentando recuperar el tiempo perdido, reconfortar nuestras almas con la presencia del otro, decirnos sin palabras “te quiero tanto y te he echado tanto de menos”. Tras la euforia inicial, pero sin separarnos un instante, iniciamos el camino a alguna parte, dejando atrás lo que fuera que hubiera allí y mi maleta, testigo impasible de nuestro reencuentro, que en algún momento había llegado a las manos de mi amado acompañante, traqueteaba ahora alegremente tras nosotros, dos corazones unidos, palpitando, sintiendo, amando juntos.